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¿Por qué la inmigración solo se percibe como un problema?


[Fuente imagen : Reuters]


El debate existente en torno a la inmigración y a las vías que posibilitan que esta se desarrolle o no en condiciones de seguridad no es una novedad. Este aparece recurrentemente en los medios de comunicación, tertulias e intercambio de mensajes redes sociales coincidiendo en un momento en el que, -en el contexto de la crisis migratoria en Canarias-, la percepción de inseguridad vendría aumentando cada día a raíz de discursos incendiarios, falacias y bulos que tratan de rentabilizar la mala gestión. En este sentido, partiendo de que las trabas burocráticas y legales actuales están orientadas a la regulación y por tanto también a su contención, determinar si las opciones de entrada que permite la UE en condiciones de seguridad para los migrantes son muchas o pocas, requeriría de un análisis de derecho comparado, aunque lo que sí parece claro es que estas no son suficientes atendiendo al volumen de migrantes que deciden jugarse la vida a través de las vías irregulares.


En cualquier caso, considero que el enfoque para abordar esta cuestión debe ser diferente. Para que Europa evolucione en este sentido (para que este fenómeno se pueda producir mucho más en condiciones de seguridad para el migrante) hace falta voluntad política y Europa como proyecto en este momento está debilitado y no ha hecho ningún ejercicio de reflexión serio sobre sus necesidades políticas y económicas, es decir, sobre qué aportarían las migraciones a sus necesidades reales. Cabe considerar esto, sobre todo teniendo en cuenta que la población del continente es una población envejecida (en 2018 una quinta parte de la población de la UE tenía mas de 65 años), un continente que necesita mano de obra joven (en 2108 había 2 personas en edad laboral por cada dependiente). Esto vendría a decir que en este momento Europa no cuenta con una estrategia que conciba la migración como un elemento de oportunidad, más allá de una problemática.


Es necesario comprender que existe un marco legal que establece cómo se puede migrar en condiciones de seguridad para el propio migrante y que dicho marco es restrictivo, precisamente porque existe un enfoque securitario en la gestión del fenómeno, porque ese enfoque tiene que existir en términos de Seguridad Nacional. Lo que ocurre es que este debe estar equilibrado, complementado por una visión humanitaria. En este sentido, los países miembros de la UE han han adoptado compromisos comunitarios en materia de derechos humanos que no siempre se cumplen, porque la realidad es que Europa regula los flujos migratorios en función de sus necesidades, a veces, además, sin ser consciente de cuáles son y serán esas necesidades mirando a futuro.


Así que, ¿por qué creo que la voluntad política es la clave aquí? Porque desde la voluntad política se modifica el marco legal. La solución al problema de la migración y de su regularización es una cuestión de voluntad política. Ello también debe comenzar por el uso del lenguaje siendo plenamente conscientes de la connotación positiva o negativa del uso cotidiano de ciertos términos y expresiones. Cuando hablamos de inmigración, existe debate cierto semántico alrededor de conceptos como inmigración ilegal e inmigración irregular, pero la expresión correcta sería ‘’irregular’’, ya que estas personas han cometido una falta administrativa en lugar de un delito. El término ‘’ilegal’’ tiene implicaciones evidentemente negativas y alimentan ciertos discursos que no contribuyen a aportar soluciones a la problemática sino a señalar como culpables a los migrantes de un fenómeno social que es extraordinariamente complejo.


Ante una realidad que no desaparecerá, Europa tiene que plantearse seriamente que las condiciones socioeconómicas en los países emisores (áreas geográficas como el Sahel, África Subsahariana y cada vez más el Magreb) no van a cambiar por mirar hacia otro lado. Independientemente del crecimiento económico del continente africano, la progresión de la pirámide demográfica en el Sahel es imparable debido a un crecimiento anual del 3,9% y unas tasas de fecundidad superiores a 5,23 hijos por mujer (Mauritania con 4,58) frente a la tasa de fecundidad europea con 1,56 hijos por mujer.


Resultaría, por tanto, ingenuo que las autoridades subestimaran el impacto que tendrá en todo esto un enorme volumen de población joven enfrentándose a la falta de expectativas de desarrollo profesional, a la inmadurez de las organizaciones políticas y crisis institucionales continuas, además de la progresión del cambio climático en el continente que afectará también al modelo de subsistencia de estas poblaciones. Y actualmente no se están dando condiciones ahora para que esas variables decrezcan, por lo que se evidencia como necesaria una estrategia de cooperación para el desarrollo en la frontera sur de Europa a largo plazo y desde luego más eficiente de lo hecho hasta ahora.


Por tanto, respecto a las soluciones, podríamos afirmar que las que se están aportando son meros paliativos de una realidad que solo se observa como un problema: de ahí que solo se califique como tal. En consecuencia, Europa debería replantearse su políticas económicas a futuro, su Estado del bienestar y también los procesos de integración cultural de la población de sus antiguas colonias o territorios. Si Europa quiere ser competitiva en un mundo en el que el eje de la geopolítica mundial esta cambiando girando hacia el Sudeste Asiático, tendrá que hacerlo sobre algunos ejes fundamentales, entre ellos sus recursos humanos, y esto significa que necesita una sociedad joven para hacer frente a este reto todo esto. Con esto, son precisamente los países miembros cuya voluntad nacional se expresa en Europa los que deben comenzar a asumir las responsabilidades que les corresponden dejando el recurso fácil de culpar constantamente a la UE de cualquier aspecto negativo de la gestión de este y otros fenómenos.


Con esto, el Sistema Europeo Común de Asilo, -que tiene como base la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE y el Tratado de Funcionamiento de la UE-, integra la propia política de asilo europeo, y los reglamentos y directivas que se han terminado desarrollo alrededor de los procedimientos de asilo. Esto hace precisamente que dichos procedimientos, también en torno a las condiciones de acogida, sean similares en llos países miembros. Para recibir asilo, debe reconocerse la condición de refugiado o beneficiario de protección subsidiaria, aplicándose este ultimo caso a aquellos migrantes que no reúnen las condiciones para obtener el estatus de refugiado pero a los que se les reconoce la necesidad de protección, ya que existiría un peligro para su vida si este se ve extraditado. Pensemos, entonces, en los migrantes malienses que huyen de un conflicto frente a los inmigrantes que proceden ahora del Magreb y que responden a unas circunstancias socioeconómicas específicas.


Respecto a esto último, podríamos discutir cómo funcionan algunas fórmulas que se han adoptado como el Tratado especial con Mauritania suscrito por España tras la crisis de los cayucos del 2006, el cual permite la devolución de migrantes independientemente su nacionalidad siempre que hayan salido del territorio de este país, por ejemplo, en caso de que estos migrantes fuesen malienses. En todo caso, los migrantes deben estar informados del derecho a solicitar asilo, que se admitirá a trámite cuando así se determine, desestimándose cuando no proceda conforme a lo que establece actualmente la norma.


Conforme a esto y más allá de los debates éticos que pueda generar no conceder dicha protección a todos los migrantes, si el sistema asistencial y de acogida se ve desbordado existe el riesgo de que se produzcan problemas en torno a la asistencia jurídica, por eso es importante que exista una coordinación adecuada entre organismos competentes, traductores y otros problemas y que en definitiva los procesos de solicitud de asilo no se eternicen en el tiempo perjudicando al migrante y a la eficiencia del sistema, para lo que se necesita una financiación adecuada. En este caso, contamos con el Fondo Europeo de asilo, migración e integración y demás partidas presupuestarias que puedan desarrollarse. Existe, en torno a todo esto y especialmente sobre las ayudas, tanta confusión como desinformación, por lo que necesitaríamos una respuesta más contundente e implicación real por parte de las autoridades contra las campañas de criminalización en aras de prevenir que el extremismo radical se termine materializando en situaciones de violencia.


A todo esto, también se da con frecuencia la idea (errónea) de que los países europeos prefieren trabajadores de alta cualificación antes que de baja cualificación y que por tanto esa preferencia estaría modulando su aceptación o rechazo hacia los migrantes. En el contexto de la actual crisis migratoria en Canarias, además, se suele recurrir a la consigna de que 'la inmigración que está viniendo no es de calidad' argumentando precisamente que su baja calificación determinaría esa 'baja calidad' del migrante, parece que ya no solo en su dimensión de trabajador sino como persona. Esta idea aparece estrechamente vinculada a otras que asocian automáticamente el origen racial y étnico, cultural o religioso (teoría de las culturas incompatibles) con la propensión a vivir en los márgenes de la legalidad y por tanto a una imposible integración, ignorando que lo que realmente suele determinar la criminalidad son factores socioeconómicos y psicosociales que nada tienen que ver con la raza per se.


Entonces, ¿dónde está realmente el problema?. O al menos la base del problema. El problema de la inmigración es precisamente que se sigue viendo exclusivamente como un problema. Pero, ¿es entonces Europa racista? Para responder a esto, habría que aclarar en primer lugar que una cosa son las sociedades que conforman Europa (donde existe un sustrato racista importante) y otra cosa, las autoridades europeas. Teniendo en cuenta eso, desde ahí podríamos preguntarnos si el rechazo real a la inmigración viene porque no queremos mano de obra no cualificada. En este caso, considero que esta no es en absoluto una asociación correcta, porque aunque haya demanda de mano de obra cualificada en Europa, los inmigrantes han sido esenciales en el desarrollo de trabajos no cualificados que también demandábamos en Europa, sobre todo porque a veces solo tienen accesos a estos.


Pensemos incluso en aquello que cuentan con titulación universitaria y que por las dificultades de homologación, - algo que le sucede mucho a migrantes de América Latina que proceden de entornos sociales y profesionles diversos- pueden verse abocados a subsistir mediante prácticas de economía sumergida desarrollando trabajos en la hostelería y servicios domésticos de limpieza y cuidados a nuestros mayores, teniendo en cuenta también que estos necesitan tener su situación regularizada para poder optar a un empleo con plenas garantías y seguridad social, por lo que el discurso de que el inmigrante irregular roba el empleo al nacional, así como el de las ayudas, caería por su propio peso.


En este sentido, es necesario remontarnos a la crisis de los refugiados del conflicto sirio en el año 2015, en donde la presencia de universitarios, -médicos, abogados, ingenieros, empresarios-, mostrando una heterogeneidad de grupo propia de los desplazados en conflictos, experimentaron el mismo rechazo general e idénticos obstáculos para establecerse en suelo europeo que el que experimentan los inmigrantes magrebíes ahora sin que el nivel de cualificación hiciese el proceso más sencillo. Recordemos, por tanto, las imágenes de multitudes hacinadas en Hungría y fronteras de los países de Europa del este y los campamentos olvidados todavía a día de hoy.


¿Qué ocurre, entonces, con la migración procedente de África? Esta se trata de una migración sobrevenida por razones socioeconómicas, de modo que estos sí suelen provenir de sectores depauperados, algo que no implica que no no puedan ser absorbidos como mano de obra joven y formarse adecuadamente. Recordemos a tantos canarios que migraron a Venezuela y a otros países latinoamericanos en busca de oportunidades laborales y un futuro mejor que prosperaron y que tampoco arribaban necesariamente con un título. Estos procesos, independientemente de que se sitúen en distintos momentos de la historia, generalmente funcionan así, una primera generación llega a un país extranjero y trabaja muchísimo para que luego sus hijos tengan mejores oportunidades. De hecho, no hay más que observar la alta tasa de estudios universitarios entre segundas y terceras generaciones, independientemente del clima de marginalización que se ha producido en algunas zonas de algunas urbes europeas, una problema que precisa ser atajado pero que no invalida en cualquier caso esta experiencia.


Como ciudadanos también tenemos una responsabilidad si queremos que la convivencia no se vea lastrada ante un fenómeno como de la inmigración que si bien puede gestionarse seguirá produciéndose, por lo que es esencial frenar el avance del discurso del miedo y del odio antes de que adquiera una dimensión mayor. Ante el incremento de la percepción de inseguridad, preocupando especialmente las amenazas y agresiones que han recibido magrebíes en Canarias, -algo chocante en una sociedad multicultural caracterizada por su apertura y tolerancia- cabe acudir solo a fuentes oficiales y datos que proporciona las autoridades y fuentes policiales recogidas también en medios de comunicación serios frente a la desinformación que impera en perfiles de outsiders en redes sociales y que las fuentes oficiales ya desmienten.


Laura Méndez

Consultora LM& Asoc

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